Peridoto — Pitdah, la segunda de las doce piedras antiguas
Hay una piedra cuyo nombre significa, más o menos, sigue buscando.
Plinio el Viejo explica por qué. La gema venía de una pequeña isla del mar Rojo, y esa isla estaba casi siempre hundida en la bruma. Los marineros sabían que estaba allí. Encontrarla era otro asunto.
En la lengua de los trogloditas que frecuentaban aquella costa, escribe, la palabra topazin significaba buscar. La piedra tomó el nombre de la búsqueda, no el del lugar.
Es la única de las doce que lleva el nombre de una dificultad.
1. Un nombre que señala a la piedra equivocada
En el hebreo del libro del Éxodo, la segunda piedra del pectoral del sumo sacerdote se llama פִּטְדָה — Pitdah.
La Septuaginta la traduce topazion. La Vulgata sigue con topazius.
Y ahí empiezan los problemas — exactamente el tipo de problemas que esta colección de doce ensayos existe para desenredar.
Topazos, en el mundo antiguo, no era el mineral que hoy llamamos topacio.
Plinio lo describe con precisión suficiente para zanjarlo. Dice de la topazos que es la mayor de las piedras preciosas, y la única de alto valor que cede a la lima.
El topacio moderno es un 8 en la escala de Mohs. Ninguna lima lo toca.
El peridoto se sitúa entre 6,5 y 7. Una lima sí lo toca.
Todo lo demás concuerda: la isla, el mar Rojo, el verde, la blandura. La piedra que los antiguos llamaban topacio es, con toda probabilidad, la que nosotros llamamos peridoto.
El libro de Job habla del «topacio de Cus» — la región al sur de Egipto, en el mismo tramo de costa. La geografía coincide con Plinio.
El hebreo Pitdah se nos resiste. Algunos lo vinculan a una palabra sánscrita para el amarillo, otros al asirio. Nada está establecido, y sería deshonesto presentarlo como si lo estuviera.
Según una tradición interpretativa, esta piedra se asocia a Simeón, segundo hijo de Jacob. El texto no hace ninguna atribución de ese tipo. El Éxodo da doce piedras y doce nombres, y se detiene ahí. Los emparejamientos proceden de comentarios posteriores, y los comentaristas no coinciden entre sí.
2. La materia
El peridoto es olivino de calidad gema — un silicato de magnesio y hierro, uno de los minerales más abundantes en el interior de la Tierra y uno de los menos comunes en su superficie.
Su color no es un accidente de impureza.
En la mayoría de las gemas el color llega como traza de algo ajeno: cromo en una esmeralda, hierro en una aguamarina. Quite la traza y la piedra queda incolora.
El verde del peridoto está inscrito en su propia estructura.
Lo que significa que no tiene otro color. No hay peridoto blanco, ni azul, ni rojo. Todos los peridotos que han existido son verdes, en algún punto entre el oliva y un verde amarillento limpio, y ese es todo su registro.
Pocas gemas pueden decir otro tanto.
Con 6,5-7 en la escala de Mohs se lleva, pero no es indiferente. No le gustan ni el calor súbito ni los ácidos. Su brillo tiene más de aceite que de vidrio.
Y es fuertemente birrefringente. Mire dentro de un peridoto tallado a través de la tabla: las aristas de las facetas del fondo aparecen desdobladas — como si la piedra se hubiera dibujado dos veces, con mano algo temblorosa.
3. Una isla que no quería ser encontrada
La isla existe. Está frente a la costa egipcia, en el mar Rojo, y hoy se llama Zabargad — St John’s Island en las viejas cartas británicas.
Plinio cuenta el hallazgo como una historia de naufragio. Piratas trogloditas, arrojados a tierra por una tormenta y hambrientos, cavan buscando raíces y encuentran la piedra.
Como la mayoría de los relatos de origen antiguos, probablemente esté demasiado bien construido.
Lo que no está en duda es que las labores egipcias allí son antiquísimas, y que durante casi toda la Antigüedad esta sola isla abasteció al Mediterráneo de una gema verde que nadie más producía.
Un segundo relato se ha repetido desde entonces: como las piedras eran casi invisibles sobre aquel suelo deslumbrante a plena luz, los mineros marcaban su posición de noche, cuando las gemas retenían la poca luz disponible, y las extraían por la mañana.
Ocurriera o no, es el tipo de historia que se adhiere a una piedra de comportamiento singular con poca luz — que es, como veremos, exactamente su caso.
La isla fue explotada, abandonada, redescubierta y explotada de nuevo a lo largo de los siglos. Hoy está prácticamente agotada. El peridoto viene ahora de Pakistán, Birmania, China y una reserva apache en Arizona.
4. Donde las tradiciones se encuentran
El mundo árabe nombró esta piedra dos veces, y ambos nombres se quedaron.
Zabargad, el nombre moderno de la isla, es la palabra árabe que designa la gema misma — el lugar lleva ahora el nombre de lo que salía de él.
Y «peridoto» suele remontarse al árabe faridat, que significa simplemente gema: la palabra común se fue estrechando, con los siglos, hasta designar solo esta.
Y luego está Colonia.
Los peridotos más célebres del mundo pasaron setecientos años siendo admirados bajo otro nombre.
El Relicario de los Reyes Magos, en la catedral de Colonia — el gran arca dorada comenzada en el siglo XII — lleva un conjunto de grandes piedras verdes, algunas cercanas a los doscientos quilates. Se inventariaron como esmeraldas. Generaciones de peregrinos vieron esmeraldas.
Son peridotos. Casi con certeza de Zabargad, llevados hacia occidente por las rutas que atravesaban el Levante.
Es un recordatorio útil. Durante casi toda la historia una piedra verde se identificaba por su color y su tamaño, no por su especie. Esmeralda fue una descripción mucho antes de ser un mineral — punto sobre el que volvemos en el ensayo dedicado a Bareqet, la piedra cuyo nombre significa relámpago.
5. Lo que se ha hecho decir al verde
El verde es el color al que las culturas recurren para hablar de lo que continúa. El crecimiento, el agua, el regreso de una estación.
Pero el verde del peridoto no es ese verde. Lleva demasiado amarillo.
Junto a una esmeralda parece iluminado desde otra fuente — más cálido, menos frío, menos imperial. Diversas tradiciones lo han asociado a la luz más que al crecimiento, y a menudo a la protección, sin ponerse de acuerdo sobre el porqué.
Lo que puede decirse sin discusión es que este es un verde que se niega a ser puro.
Su amarillo no es un defecto del color. Es el color.
6. La joya después del anochecer
He aquí el hecho práctico que decide el uso del peridoto.
A la luz de las velas — y después a la eléctrica — la esmeralda calla. Su verde azulado pierde pie y la piedra se oscurece.
El peridoto hace lo contrario. Su verde amarillo aguanta. Sigue claro cuando la sala ya no lo está.
La Europa del siglo XIX lo advirtió y le dio un nombre: esmeralda de la tarde.
No es un adorno poético. Es una especificación. Le dice al joyero cuándo está la piedra en su mejor momento, y la respuesta es la cena, no el mediodía.
Montado en oro amarillo hace algo insólito. No contrasta con el metal — lo prolonga. El oro parece continuar dentro de la piedra y volverse traslúcido allí.
El peridoto nunca ha alcanzado precios altos, y precisamente por eso recompensa la atención. En un mercado donde cuatro o cinco piedras absorben casi todo el dinero, es aquí donde un diseñador todavía puede trabajar a escala: material amplio, limpio, bien tallado, por una fracción de lo que la misma presencia visual costaría en esmeralda.
7. Lo que lo hace singular
Todas las piedras de esta colección hasta ahora vienen de la superficie de la Tierra — formadas en cavidades, en vetas, en la corteza superior.
El peridoto no.
El olivino es un mineral del manto. Se forma a decenas de kilómetros de profundidad, bajo presiones que nada en la superficie reproduce, y nos llega solo porque la actividad volcánica lo sube más deprisa de lo que él se degrada por el camino. Un peridoto engastado en un anillo ya ha hecho un viaje improbable antes de que nadie pensara en extraerlo.
Y una parte ni siquiera vino de este planeta.
El olivino aparece en los meteoritos pallasitos — una clase rara en la que cristales verdes quedan suspendidos en una matriz de hierro y níquel. Son fragmentos del límite entre el núcleo y el manto de un cuerpo que se desintegró. Los instrumentos han detectado olivino en Marte, en la Luna y en el polvo de un cometa.
Es la única piedra del pectoral de la que puede demostrarse que no es una materia puramente terrestre.
8. Nota FEDIYAR
Algunas cosas valen porque son escasas. Otras porque son difíciles de alcanzar.
El peridoto nunca ha sido escaso. Hay más olivino dentro de este planeta que casi cualquier otra cosa.
Lo que lo hizo precioso fue la distancia — un manto que tenía que entrar en erupción, una isla que había que encontrar, un mar que había que cruzar con gente que no siempre sabía adónde iba.
Nada de eso es visible en la piedra acabada. No se ve, en un óvalo verde sobre una mano, que empezó bajo la corteza y llegó en barco desde un lugar que nadie sabía situar con certeza.
Suele funcionar así. El trayecto no se ve.
Es sencillamente la razón por la que la cosa está aquí.
FEDIYAR
Algunos objetos son raros. Otros están simplemente lejos.
La distancia recorrida rara vez se lee en lo que finalmente llega.
Anteriormente en la colección: Cornalina — la piedra que acepta un nombre.
A continuación: Shoham — la piedra elegida para escribir sobre ella.
Nota de método: en toda esta colección distinguimos tres cosas — lo que dice el texto antiguo, lo que hicieron de él las tradiciones posteriores, y lo que propone la mineralogía moderna. Cuando una identificación está en discusión, lo decimos.
